Cómo leer el etiquetado de los alimentos (y no morir en el intento)

Cómo leer el etiquetado de los alimentos (y no morir en el intento)

Estoy en el supermercado frente a dos frascos de tomate frito, ¿cuál elijo? ¿En qué tengo que fijarme? Lo más importante es no dejarnos engatusar por las posibles declaraciones que cada producto pueda tener (bollería enriquecida en hierro, galletas 0% azúcar, entre otras lindezas), sino que debemos darle la vuelta y leer su etiqueta completa, que nos dará la siguiente información:

  • Ingredientes: La lista de ingredientes está ordenada siempre del más abundante al que está en menor proporción, por lo que no será igual un tomate frito con la lista “tomate, aceite de oliva virgen extra, sal, azúcar” que uno que rece “tomate, azúcar, aceite, sal”, ya que esto nos está indicando la proporción de cada ingrediente por 100 gramos de producto. Como consejo, elige productos cuya lista de ingredientes sea lo más corta posible. Además, deberán estar indicados los alérgenos (de una lista de 14: apio, altramuces, frutos secos, leche, huevos, pescado, crustáceos, moluscos, cacahuetes, sésamo, soja, sulfitos, gluten y mostaza) del producto con una letra diferente al resto para que sean fácilmente identificables.

  • Información nutricional: Se deben indicar obligatoriamente los valores de energía, grasas, grasa saturadas, hidratos de carbono, azúcares, proteínas y sal por 100 gramos de producto y, además, de forma opcional, la etiqueta puede incluir la cantidad de ácidos grasos mono y poliinsaturados, polialcoholes, fibra, almidón, vitaminas y minerales. La información nutricional obligatoria nos puede ayudar a elegir entre dos productos del mismo tipo, ya que todos tienen que indicar sus valores en base a la misma cantidad de producto.

  • Lugar de origen: Este punto es importante para que nuestra compra sea sostenible, ya que nos permitirá elegir productos lo más locales posible. También será obligatorio indicar el país de origen del ingrediente primario de nuestro producto si es distinto al del mismo.

  • Fecha de caducidad, condiciones de conservación, nombre del producto, cantidad neta del producto y grado de alcohol en caso de que lo tenga.

Como ves, la realidad de un producto no suele estar en su cara más visible, de hecho, en ésta es donde los fabricantes aprovechan para ponernos las "bondades" del producto en cuestión para animaros a comprarlo. Por ejemplo, si has seguido una dieta de pérdida de peso a lo mejor te has dejado seducir por los productos "light" o si sigues las noticias sobre alimentación, te fijas en que lo que vayas a comprar sea "sin aceite de palma" o "sin azúcar añadido" o quizás, si has oído hablar de la importancia de ciertos nutrientes, buscas productos "rico en omega 3" o "rico en fibra". Pues bien, no siempre debemos tomar nuestras decisiones alimentarias basándonos en estas declaraciones de salud. Deberíamos leer la etiqueta al completo porque en la inmensa mayoría de los casos no nos va a compensar seguir lo que nos dice la cara A del producto. Siguiendo los ejemplos anteriores, ¿elegimos "light" porque tenga menos calorías, aunque tenga más azúcar que el producto original? ¿Elegimos sin azúcar añadido, aunque vaya cargado de edulcorantes? ¿Elegimos rico en fibra, aunque estemos ante unas galletas repletas de azúcar y grasas de mala calidad? ¿Qué opinas? Mejor démosle la vuelta a la etiqueta y seamos críticos.

Como novedad, el Ministerio de Sanidad ha anunciado que se va a implantar una nueva forma de etiquetado, el etiquetado frontal o Nutriscore, un sistema que calificará los productos desde la letra A, de color verde oscuro (mejor calidad) hasta la E, de color naranja oscuro (casi rojo) (peor calidad), pasando por el verde claro (B), el amarillo (C) y el naranja (D). Se valorarán distintos nutrientes para asignar estas categorías: las calorías, los azúcares sencillos, las grasas saturadas y el sodio (sal) serán indicadores de peor calidad, es decir de las letras D y E, y las proteínas, la fibra y las grasas monoinsaturadas, puntuarán para las letras A, B y C. Todavía no sabemos cuándo podremos ver este etiquetado en los supermercados y si resultará positivo para nuestra cesta de la compra, tiempo al tiempo. El Nutriscore puede ser un sistema útil para comparar dos productos de la misma categoría, para ayudarnos a elegir entre dos yogures distintos, por ejemplo, pero no para comparar productos diferentes como un refresco sin azúcar y unos cereales. En cualquier caso, no dejemos de darle la vuelta al producto y entender qué lleva y qué me va a aportar. Y no olvidemos que lo más importante, además de saber leer las etiquetas de los productos que compramos, es que los mejores alimentos no la llevan o es muy corta y no tiene dobleces.